jueves, 22 de febrero de 2007

¿Cuándo seremos iguales?



“Anoche tuve una pesadilla horrenda, de las que nos hacen realmente transpirar de los nervios: soñé que el periódico traía un suplemento llamado “Hombre” donde se suponía que estaba aquello que interesa al sexo masculino (como si el resto del diario no fuera para nosotros); que había revistas y un canal de cable “para el hombre” en donde sólo se hablaba de corbatas, camisas y cremas de afeitar, pues los medios creían que el hombre y la moda eran lo mismo.”


Mex Urtizberea, periodista argentino, en su libro “Malas Palabras”




Vivimos en un mundo machista. Sí, mal que nos pese a todos los que luchamos contra eso, nuestra realidad demuestra que el mundo es machista todavía. No quiero decir con esto que las mujeres no tengamos derechos similares a los de los hombres y por supuesto no desmerezco los grandes logros que se han conseguido para la mujer a lo largo de la historia. Por el contrario, soy admiradora ferviente de todos aquellos que lucharon y siguen luchando por la igualdad del hombre y la mujer. Pero no puedo dejar de darme cuenta de que en realidad sigue habiendo muchas actitudes que son resabios de ese machismo imperante durante tantos años en la sociedad.

¿Cuántas veces escuchamos que las mujeres no saben conducir un automóvil, o que lo hacen peor que los hombres? ¿Cuántas veces que sabemos más de cocina y moda que cualquier amigo, esposo o hermano? ¿Cuántas veces vimos en la televisión publicidades de jabón en polvo, detergente y productos de belleza dedicados exclusivamente a la mujer?
En la vida cotidiana me he cruzado con muchas mujeres que cuando el marido hace alguna tarea del hogar, dicen que “está ayudando”. En cambio, para la mujer lavar los platos, cocinar, lavar la ropa son cosas de todos los días y no sólo una “ayuda”. Por más que sea profesional, que mantenga una casa y que siga ascendiendo en su profesión, la mujer sigue siendo ama de casa y eso está bien visto para la mayoría de las personas, tanto hombres como mujeres. Y algo alarmante es que siga habiendo tantas diferencias salariales entre hombres y mujeres, sobre todo cuando los índices demuestran que la cantidad de Jefas de Hogar va en aumento.

Afortunadamente, esta situación se está revirtiendo, sobretodo en los jóvenes, pero aún son muy fuertes estos mandatos. Este tipo de actitudes, a pesar de ser cotidianas y de pasar inadvertidas para la mayoría, son una falta de respeto hacia la mujer y hacia todos aquellos que lucharon para que tengamos los mismos derechos que los hombres.
¿Cómo olvidar, por ejemplo, a todas aquellas personas que tanto hicieron por conseguir iguales derechos cívicos para la mujer? En Argentina, la lucha por el voto femenino comenzó entre 1900 y 1910, cuando las mujeres socialistas y las anarquistas, siguiendo el ejemplo de sus pares europeas, comenzaron a fundar una serie de agrupaciones en defensa de los derechos cívicos de la mujer. Y a ellas las siguieron otros grupos de mujeres, menos radicalizadas pero tan progresistas como ellas, que tenían reivindicaciones similares. Esta lucha duró décadas hasta que en 1947 se dictó la Ley del Voto Femenino, con el importante impulso de Eva Perón, entonces primera dama.
Éste es sólo un ejemplo de las grandes luchas y sacrificios que la mujer tuvo que pasar para lograr tener una igualdad justa y digna con los hombres. Pero es esa misma lucha la que se ve denigrada cuando los medios de difusión masiva siguen demostrando actitudes machistas. Es un machismo encubierto y llevado a cabo por los laboratorios mediáticos. Una forma de discriminación a la mujer que consiste en que consiste en negar que tenemos las mismas capacidades intelectuales y en no reconocer que las diferencias son sólo físicas.
Es fácil de encontrar este machismo del que hablo. En Argentina, el diario más vendido y reconocido del país, viene con un suplemento dedicado al sexo femenino, llamado “Mujer”. Salta a la vista la discriminación ejercida por este medio de difusión masiva. En primer lugar, (como dice el fragmento tan bien escrito por Mex Urtizberea que cité al comienzo) nunca he visto que salga con ningún diario un suplemento llamado “Hombre” y mucho menos que este suplemento contenga en su interior exclusivamente notas de: moda, belleza, hogar. Suponen que estos son los temas interesantes para LA mujer. Pero estoy segura de que el resto del diario es mucho más interesante para la mayoría de las mujeres. Además, ¿no puede haber un hombre al que le interese la moda, la belleza y el hogar? Bueno, tendrá que leerlo en el suplemento para la mujer.
Ejemplos como éste abundan en los medios de difusión masiva y en la era de la mediatización en la que estamos inmersos todo lo que hacen ellos influye de manera decisiva en la forma de pensar y de actuar de todos. Y no sólo cuando se trata de información (como los periódicos o los noticieros de la televisión) se ejerce este tipo de machismo, sino también en casi cualquier envío de los medios de difusión masiva: telenovelas, publicidades, magazines. Muchos de estos programas están llenos de estereotipos que hacen que la mujer aparezca siempre como alguien que tiene que ser linda, estar siempre preocupada por su imagen, flaca, impecable, joven eternamente.
Este tipo de estereotipos van haciendo que las mujeres sintamos que tenemos que estar delgadas, maquilladas, vestidas de cierta manera todo el tiempo, más allá de lo que hagamos con nuestras carreras y nuestros pensamientos.
Pongo como ejemplo una publicidad que invadió la televisión en esta temporada de verano. Se trata de una promoción de cerveza que muestra en clave de comedia, cómo son las temporadas de veraneo en la Costa Atlántica Argentina. El tema de la propaganda es gracioso, pero hay algo que habrá pasado desapercibido para la mayoría: y es que la totalidad de las mujeres que aparecen son jóvenes, flacas y con cuerpos más que bien cuidados. Me dirán: ¿Qué diferencia hay con los demás comerciales? Es verdad, la diferencia no es mucha. En la mayoría aparecen este tipo de mujeres, pero lo llamativo es que en la misma pieza publicitaria hay hombres de todo tipo: gordos, flacos, viejos, jóvenes, altos, bajos, etcétera, etcétera. Me pregunto: ¿Sólo las mujeres físicamente “perfectas” tienen derecho a disfrutar del verano, cuando los hombres de todo tipo pueden pasarlo bien tranquilamente? Estoy exagerando, lo sé, pero es lo que dan a entender comerciales de este tipo. Sin dudas, esto es a nivel muy profundo, pero como bien sabemos, está demostrado cómo este tipo de piezas influye en el inconsciente de las personas. Obviamente esto no sería de gravedad si sólo se tratara de un comercial, pero lamentablemente, se trata de la mayoría de las producciones que vemos en televisión. Además, en este tipo de comerciales orientados al público masculino, se utiliza todo el tiempo el cuerpo de la mujer como una forma de vender sus productos. De esta manera, toman a las mujeres como una especie de “objetos” deseables, con el simple objetivo de vender más.
En conclusión, veo que vivimos una realidad en la que se siguen manifestando diversos tipos de discriminación hacia las mujeres. Los medios de difusión discriminan nuestra capacidad intelectual, nuestros gustos e intereses, y nos dicen todo el tiempo de distintas maneras que tenemos que tener cuerpos perfectos y que nos tenemos que preocupar por nuestra imagen más - mucho más - que los hombres.
Para revertir de una vez con este tipo de machismo y trato discriminatorio hacia el sexo femenino, es necesario que todos los que trabajan en los llamados medios masivos de comunicación tomen conciencia de esta realidad y empiecen a revertir los estereotipos denigratorios para las mujeres. De esta manera, podremos decir, de una vez por todas, que hombres y mujeres somos tratados como iguales. Y las diferencias pasarán a ser reconocidas por la sociedad en su conjunto como simplemente físicas. Sólo así podremos decir que dejamos de vivir en un mundo machista.

Celeste Lera
Estudiante de Periodismo (cursando el 5º año de la carrera)
Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Lomas de Zamora,
Buenos Aires, Argentina.

1 comentario:

Abdiel León dijo...

Es verdad, vivimos en un mundo predominantemente machista. Yo pienso que los movimientos de 'liberación femenina' del siglo pasado en realidad no persiguieron su supuesto propósito. Estos movimientos eran apoyados hasta por hombres machistas que motivaron a las mujeres a hacer lo que ellos desearan haciéndoles creer que debían ejercer su 'libre albedrío' (No ha mejor forma de engañar que hacer creer que alguien decidió por sí mismo). La prueba de esto se puede ver en la incitación a la mujer a realizar pornografía.
Para lograr un verdadero movimiento 'feminista' es necesario olvidarse de eso, y crear un movimiento social que libere al ser humano y logre la igualdad entre los sexos.