viernes 23 de febrero de 2007

¡¡¡¡MUJER, TU EMANCIPACION ESTA EN EL SOCIALISMO!!!!



La mujer durante siglos ha sido sometida a la doble explotación en el sistema capitalista, debido a que no solo es esclava asalariada, ya que debe trabajar de una forma agotadora para poder subsistir, porque no tiene medios de producción; si no que además es sometida a esa cultura machista (patriarcado) - que se remota con la apariciòn de la propiedad privada y la divisiòn de la sociedad en clases y esta es base fundamental del capitalismo-, nos hace creer que somos inferiores al hombre y que solo servimos para las labores del hogar y el cuidado de los hijos. El sistema capitalista se lucra de esto ya que manteniendo a la mujer bajo estos perjuicios absurdos, hacen que el hombre produzca la fuerza de trabajo por sus propios medios sin tener que pagar por esto, es decir, le reproduce los hombres y mujeres que en un futuro serán explotados por los señores capitalistas.

La mujeres son tratadas como un objeto, un instrumento sexual, las empresas publicitarias siempre utilizan al cuerpo de la mujer como un medio para captar compradores, olvidando que la mujer es un ser humano y que merece ser respetada y tratada como tal, los hombres y las mujeres son iguales, solo poseen diferencias biológicas, pero estas no las hacen inferior uno del otro, la discriminación a la mujer permanecerá siempre y cuando vivamos en un sistema que se base en la explotación del hombre por el hombre.

Es por eso que tú MUJER, hoy más que nunca en donde el capitalismo se encuentra en su fase superior: el imperialismo, debes luchar por abolir el sistema que tanto daño nos ha hecho, y que gracias a él hoy en día mueren de hambre millones de personas en el mundo, mientras que una minoría goza de muchos privilegios gracias a las lagrimas y al sudor de la mayoría, tú más que nadie debe contribuir en la construcción de una sociedad nueva, una sociedad que tenga como primer objetivo la igualdad social y de genero, ya basta de ser pisoteadas, debemos hacer valer nuestros derechos, no veamos la construcción del socialismo como algo aislado de nuestros intereses, veamos al socialismo como el único camino que nos llevara a la plena libertad y bienestar de todos, ya que este sienta las bases para una sociedad sin clases sociales, sin discriminación; no seamos egoístas, ni individualistas, pensemos en el futuro de la humanidad, en el futuro de aquellos que vienen detrás de nosotros, dejémosles un camino más corto y fácil de cruzar.

Debemos sumar a los hombres a esta lucha revolucionaria que también es de ellos, ya que todos somos victimas del monstruo explotador. Debe quedar claro que nuestra lucha no es en contra de los hombres, sino del sistema económico imperante que le ha impuesto esta cultura discriminante hacia nosotras y es ajena a ellos, se puede apreciar a través de la historia que cuando los pueblos aun vivían en la sociedad primitiva el ser humano era libre y feliz, la mujer y el hombre se consideraba iguales y no existían sometimiento alguno, quiero decir con esto que la discriminación hacia la mujer fue creada cuando un pequeño grupo de personas comenzaron a dominar el poder económico y lo utilizaron para reprimir a los demás, siendo las más afectadas las mujeres.


Tú mujer ama de casa, trabajadora, estudiante, hija, madre, te invitamos a que te unas a la lucha por tú emancipación “la construcción del socialismo”.


Yhosmary Franco

Estudiante del 5to año de Bachillerato

Unidad Educativa "Moral y Luces"

Carabobo

jueves 22 de febrero de 2007

¿Cuándo seremos iguales?



“Anoche tuve una pesadilla horrenda, de las que nos hacen realmente transpirar de los nervios: soñé que el periódico traía un suplemento llamado “Hombre” donde se suponía que estaba aquello que interesa al sexo masculino (como si el resto del diario no fuera para nosotros); que había revistas y un canal de cable “para el hombre” en donde sólo se hablaba de corbatas, camisas y cremas de afeitar, pues los medios creían que el hombre y la moda eran lo mismo.”


Mex Urtizberea, periodista argentino, en su libro “Malas Palabras”




Vivimos en un mundo machista. Sí, mal que nos pese a todos los que luchamos contra eso, nuestra realidad demuestra que el mundo es machista todavía. No quiero decir con esto que las mujeres no tengamos derechos similares a los de los hombres y por supuesto no desmerezco los grandes logros que se han conseguido para la mujer a lo largo de la historia. Por el contrario, soy admiradora ferviente de todos aquellos que lucharon y siguen luchando por la igualdad del hombre y la mujer. Pero no puedo dejar de darme cuenta de que en realidad sigue habiendo muchas actitudes que son resabios de ese machismo imperante durante tantos años en la sociedad.

¿Cuántas veces escuchamos que las mujeres no saben conducir un automóvil, o que lo hacen peor que los hombres? ¿Cuántas veces que sabemos más de cocina y moda que cualquier amigo, esposo o hermano? ¿Cuántas veces vimos en la televisión publicidades de jabón en polvo, detergente y productos de belleza dedicados exclusivamente a la mujer?
En la vida cotidiana me he cruzado con muchas mujeres que cuando el marido hace alguna tarea del hogar, dicen que “está ayudando”. En cambio, para la mujer lavar los platos, cocinar, lavar la ropa son cosas de todos los días y no sólo una “ayuda”. Por más que sea profesional, que mantenga una casa y que siga ascendiendo en su profesión, la mujer sigue siendo ama de casa y eso está bien visto para la mayoría de las personas, tanto hombres como mujeres. Y algo alarmante es que siga habiendo tantas diferencias salariales entre hombres y mujeres, sobre todo cuando los índices demuestran que la cantidad de Jefas de Hogar va en aumento.

Afortunadamente, esta situación se está revirtiendo, sobretodo en los jóvenes, pero aún son muy fuertes estos mandatos. Este tipo de actitudes, a pesar de ser cotidianas y de pasar inadvertidas para la mayoría, son una falta de respeto hacia la mujer y hacia todos aquellos que lucharon para que tengamos los mismos derechos que los hombres.
¿Cómo olvidar, por ejemplo, a todas aquellas personas que tanto hicieron por conseguir iguales derechos cívicos para la mujer? En Argentina, la lucha por el voto femenino comenzó entre 1900 y 1910, cuando las mujeres socialistas y las anarquistas, siguiendo el ejemplo de sus pares europeas, comenzaron a fundar una serie de agrupaciones en defensa de los derechos cívicos de la mujer. Y a ellas las siguieron otros grupos de mujeres, menos radicalizadas pero tan progresistas como ellas, que tenían reivindicaciones similares. Esta lucha duró décadas hasta que en 1947 se dictó la Ley del Voto Femenino, con el importante impulso de Eva Perón, entonces primera dama.
Éste es sólo un ejemplo de las grandes luchas y sacrificios que la mujer tuvo que pasar para lograr tener una igualdad justa y digna con los hombres. Pero es esa misma lucha la que se ve denigrada cuando los medios de difusión masiva siguen demostrando actitudes machistas. Es un machismo encubierto y llevado a cabo por los laboratorios mediáticos. Una forma de discriminación a la mujer que consiste en que consiste en negar que tenemos las mismas capacidades intelectuales y en no reconocer que las diferencias son sólo físicas.
Es fácil de encontrar este machismo del que hablo. En Argentina, el diario más vendido y reconocido del país, viene con un suplemento dedicado al sexo femenino, llamado “Mujer”. Salta a la vista la discriminación ejercida por este medio de difusión masiva. En primer lugar, (como dice el fragmento tan bien escrito por Mex Urtizberea que cité al comienzo) nunca he visto que salga con ningún diario un suplemento llamado “Hombre” y mucho menos que este suplemento contenga en su interior exclusivamente notas de: moda, belleza, hogar. Suponen que estos son los temas interesantes para LA mujer. Pero estoy segura de que el resto del diario es mucho más interesante para la mayoría de las mujeres. Además, ¿no puede haber un hombre al que le interese la moda, la belleza y el hogar? Bueno, tendrá que leerlo en el suplemento para la mujer.
Ejemplos como éste abundan en los medios de difusión masiva y en la era de la mediatización en la que estamos inmersos todo lo que hacen ellos influye de manera decisiva en la forma de pensar y de actuar de todos. Y no sólo cuando se trata de información (como los periódicos o los noticieros de la televisión) se ejerce este tipo de machismo, sino también en casi cualquier envío de los medios de difusión masiva: telenovelas, publicidades, magazines. Muchos de estos programas están llenos de estereotipos que hacen que la mujer aparezca siempre como alguien que tiene que ser linda, estar siempre preocupada por su imagen, flaca, impecable, joven eternamente.
Este tipo de estereotipos van haciendo que las mujeres sintamos que tenemos que estar delgadas, maquilladas, vestidas de cierta manera todo el tiempo, más allá de lo que hagamos con nuestras carreras y nuestros pensamientos.
Pongo como ejemplo una publicidad que invadió la televisión en esta temporada de verano. Se trata de una promoción de cerveza que muestra en clave de comedia, cómo son las temporadas de veraneo en la Costa Atlántica Argentina. El tema de la propaganda es gracioso, pero hay algo que habrá pasado desapercibido para la mayoría: y es que la totalidad de las mujeres que aparecen son jóvenes, flacas y con cuerpos más que bien cuidados. Me dirán: ¿Qué diferencia hay con los demás comerciales? Es verdad, la diferencia no es mucha. En la mayoría aparecen este tipo de mujeres, pero lo llamativo es que en la misma pieza publicitaria hay hombres de todo tipo: gordos, flacos, viejos, jóvenes, altos, bajos, etcétera, etcétera. Me pregunto: ¿Sólo las mujeres físicamente “perfectas” tienen derecho a disfrutar del verano, cuando los hombres de todo tipo pueden pasarlo bien tranquilamente? Estoy exagerando, lo sé, pero es lo que dan a entender comerciales de este tipo. Sin dudas, esto es a nivel muy profundo, pero como bien sabemos, está demostrado cómo este tipo de piezas influye en el inconsciente de las personas. Obviamente esto no sería de gravedad si sólo se tratara de un comercial, pero lamentablemente, se trata de la mayoría de las producciones que vemos en televisión. Además, en este tipo de comerciales orientados al público masculino, se utiliza todo el tiempo el cuerpo de la mujer como una forma de vender sus productos. De esta manera, toman a las mujeres como una especie de “objetos” deseables, con el simple objetivo de vender más.
En conclusión, veo que vivimos una realidad en la que se siguen manifestando diversos tipos de discriminación hacia las mujeres. Los medios de difusión discriminan nuestra capacidad intelectual, nuestros gustos e intereses, y nos dicen todo el tiempo de distintas maneras que tenemos que tener cuerpos perfectos y que nos tenemos que preocupar por nuestra imagen más - mucho más - que los hombres.
Para revertir de una vez con este tipo de machismo y trato discriminatorio hacia el sexo femenino, es necesario que todos los que trabajan en los llamados medios masivos de comunicación tomen conciencia de esta realidad y empiecen a revertir los estereotipos denigratorios para las mujeres. De esta manera, podremos decir, de una vez por todas, que hombres y mujeres somos tratados como iguales. Y las diferencias pasarán a ser reconocidas por la sociedad en su conjunto como simplemente físicas. Sólo así podremos decir que dejamos de vivir en un mundo machista.

Celeste Lera
Estudiante de Periodismo (cursando el 5º año de la carrera)
Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Lomas de Zamora,
Buenos Aires, Argentina.

Mujeres Jovenes en la lucha por la igualdad


Hoy como adolescente, joven, estudiante, revolucionaria y ante todo mujer que soy, quiero expresar mi desagrado con ese pensamiento impuesto a nuestra sociedad, que busca discriminar y desvalorizar a la mujer, estableciéndoles “diferencias” con respecto al hombre, cuando científicamente podemos comprobar, que el hombre y la mujer son iguales. Es nuestro deber como revolucionarios, tanto hombres como mujeres, contra-atacar esa ideología machista dominante, la violencia de género y todas esas características excluyentes, que han dejado sembrado en nosotros esa sociedad patriarcal que siempre buscó la denigración de la mujer. Debemos acabar también con ese, lamentablemente sembrado, concepto errado de “género” con el cual se busca imponer actitudes, sentimientos y gustos a los sexos, les puedo expresar ejemplos como el de: “la mujer se dedica a atender el hogar y a los hijos y el hombre se dedica al trabajo fuera de la casa y al liderazgo dentro y fuera”, “los colores de las chicas son: rosa o violeta y el de los chicos: azul o negro”, “la mujer es débil y el hombre es fuerte”, “la mujer demuestra sus sentimientos y el hombre no lo hace”, “el hombre es valiente y la mujer es cobarde”, “el hombre es libre y la mujer es dependiente”. Cuando científicamente sabemos que las diferencias de sexos son características del cuerpo, de origen biológico y genético; y no de comportamiento. Reconozco que la pelea no es fácil, que estamos luchando en contra de siglos de transculturización y de discriminación machista a nivel mundial, son pocas las culturas y las sociedades que se salvan de este flagelo; pero debemos comprender que en nuestro proceso revolucionario no debe, ni puede, existir la discriminación, así lo establece nuestra Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en su artículo 21. Además debemos estar conscientes que nuestra lucha en estos momentos es un ejemplo para los pueblos del mundo si en verdad pretendemos construir el socialismo, no debemos aceptar, ni avalar desigualdad social ni cultural alguna, mucho menos la discriminación hacia una persona o grupo, por su raza, sexo, credo o condición social. Si queremos acabar con esta calamidad en contra de la mujer a nivel mundial debemos comenzar acabándola en nuestro país, en la sociedad venezolana, buscar nuestras raíces y combatir esa transculturización que nos está destruyendo y separando. La violencia de género se la comienzan a meter a nuestros niños desde sus libritos de lectura inicial, donde encontramos oraciones como: “mi mamá cocina”, “mi papá lee”, aparecen dibujos de señoras vestidas con delantales y hombres en un mueble, muy cómodos leyendo el periódico y con los pies montados sobre una mesita, también comenzamos a ver como se va sembrando el desprecio a ciertas dedicaciones u oficios, como el de ama de casa, lo colocan como esclavizante, servicial y para el que no se necesitan muchas capacidades ni habilidades, cosa que sé y creo que saben muchos, que no es cierta. Así que lo primero que debemos hacer es evitar que a nuestros niños le sigan sembrando violencia de género, tanto en programas de los medios de difusión masiva como en sus libros de lectura inicial. A través de los medios de difusión masiva se han impuesto estereotipos, que llevan consigo la discriminación a grupos de personas, sobre todo para discriminar y excluir a la mujer, estos no son más que modelos perversos que te dicen cómo “estas bien” un estereotipo “positivo” y/o como “estas mal” un estereotipo “negativo”, ejemplo: Una mujer es inteligente, “triunfadora” y atrae la atención de los hombres cuando es rubia, de ojos claros, con un cuerpo lleno de curvas y de clase social alta (estereotipo “positivo”). Y por el contrario una mujer es débil, “perdedora”, ignorante y rechazada cuando es de piel morena o negra, de clase social baja o pobre y que además de todo esto envidia a las mujeres de estereotipo “positivo” por no poder ser como ellas. Aquí comienzan los problemas de baja autoestima, de frustraciones y de desilusiones en la mujer, la convierten en un ser sin metas, ni luchas, reprimida, esclavizada y subordinadas a las ordenes de un hombre. Y no solo a la mujer se les impone estereotipos, a los hombres le están comenzando a imponer también “estereotipos positivos” de hombres de clase alta y oligárquica, rubios, de ojos claros y físicamente “fuertes”, para que ellos también se frustren y no luchen, para que se sientan dominados por una clase social y vean sus metas inalcanzables. Las clases dominantes buscan siempre de mantenerse en el poder a través de la manipulación física y psicológica al resto de las clases. Es aquí donde comienza nuestra lucha, para que no le sigan sembrando a nuestros niños una manera de pensar y actuar, para que no discriminen a ninguna persona por sus condiciones físicas ni biológicas, ni por su raza, sexo, credo o condición social; y una de las más importantes y de las más difíciles cambiarle la manera de pensar a todas esas personas ya “formadas” que siguen esclavizadas y subordinadas a una manera de actuar, a una opinión y a una imagen impuesta, justamente para excluirlos y discriminarlos, cuando cambiemos esto, cuando podamos incluirlos en nuestra lucha, ahí podremos avanzar hacia la igualdad social por un mundo justo que hoy más que nunca es necesario.


Eglims Peñuela
Estudiante de Física (cursando 1er año)
Facultad Experimental de Ciencias y Tecnología, Universidad de Carabobo
Valencia, Venezuela